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martes, 8 de marzo de 2011

BUENOS AIRES VI

[ continúa del post BUENOS AIRES V  http://poetskeleto.blogspot.com/2011/03/buenos-aires-v.html ]


XXV

Había tratado de comunicarme con la Vane toda la semana. Sin suerte. Pero yo sabía que no es lo mismo vivir en Buenos Aires que venir de visita, y que probablemente, y sobre todo al principio, tendríamos horarios muy diferentes. De modo que no fue problema. Cuando por fin nos vimos fue en su casa.

El 61 y el 152 harían el trabajo. Me tomó mucho llegar. Cuando llegué ella y César comían. Nos sentamos en el patio abierto, en donde un mural con un extrañísimo intento de mapa de la isla, dormía incompleto en la pared. Con la discresión que nos caracteriza cuando estamos juntos, y pensando en mi hermano, le pregunté a Vane si sentía demasiada nostalgia, con veneno por supuesto, me miró con cara de “¿eh?”. Si hay dos cosas que ella tiene, una es buena cultura musical (es de este tipo de gente que a quienes llamas cuando quieres recordar el nombre de alguna canción o alguna banda) y la otra es un elegante sentido de la estética, por lo que o el leit motive y la técnica del “mural” en su no provenían de ella, o las cosas andaban muy mal. Así que le volví a preguntar esta vez con un tono deliberadamente más irónico y señalando el mural. ¡Ay maldito! Tu no sabes la historia de eso, rió, me contó la historia, yo tenía razón. Habiéndo superado eso, nos pusimos un poco al día, escuchamos música, César tocó algo de guitarra, yo también, me sacaron una foto que parece portada de cd bachatero, o un comercial malísimo del Puma, y que, por, supuesto publicaron en el caraelibro.. entonces sería yo quien recibiría una merecida dosis de veneno.

Esperamos a Juanjo, con un par de cervezas. Pero había un encargo pendiente de entrega. Un roncito que ya debía sospecharse que iba a morir ese mismo día. Buenas conversaciones sobre movimientos sociales, sobre cine y literatura, son mis recuerdos de esa noche. Había pasado la media noche cuando me fui. Hacía frío, escuchaba un playlist con los Beatles, Spinetta (Almendra y Pescado Rabioso) y Esperanza Spalding. Por un rato, en la estación, sentí soledad y frío.


XXVI

Caminaba yo pensando en Información (en Romina, la del aeropuerto) mientras buscaba monedas en los bolsillos. Reí porque me di cuenta que me pasaba cada vez que no tenía las que necesitaba... Al final no encontré ninguna así que caminé más. No era problema.

Cuando eso pasa, normalmente los bolsillos andan llenos de facturas, papelitos con notitas, envolturas, tapas de lapiceros y demás objetos de servilidad dudosa. Pero esta vez, entre los escombros del día anterior, llevaba en los bolsillos, el listado de autores bralsileros que me había que había iniciado con Carolina, y completado con Marcos. Incluía novelistas, cuentistas y poetas, e incluía autores jóvenes.

Marcos llegó a Sandanzas un par de días antes de que saliera yo de Buenos Aires. Tocaba guitarra la primera vez que lo vi. Es profesor de literatura y edita Agua da Palabra una revista literaria digital. Nos vimos relativamente pocas veces, pero hablamos bastante, en portuñol por supuesto, nos entendimos bastante bien. Para mí, resultó evidente, nos volveremos a ver.

Así que este es el listado cortesía de Carolina y Marcos.

Cuentistas y novelistas: Guismarais Rosa, Machado de Assis, Clarice Lispector, Caio Fernando Abreu, Joao Gilberto Noll, Sergio Santanna, Silvano Santiago.

Poetas: Carlos Drummond de Andrade, Cecilia Meireles, Augusto de Campos, Haroldo de Campos, Ferreira Gullar, Casé Lontra Marques, Wladimir Diaz-Pino.


XXVII

Melisa y Martín esperaban su primer hijo. Yo había decidido que dejaría Buenos Aires el día después de conocer a Gabriel. Melisa tenía una panza grande y redonda, y aunque era como si la panza la tuviera a ella estaba radiante, me contaba que había tenido un embarazo feliz. Me enterneció y alegró mucho encontrarla así.

Martín trabaja en una lavandaría cerca del puerto. Meli me había escrito con la dirección, quedaba cerca de donde estaba parando, así que a ellos les pareció que era más fácil encontrarme con Martín e ir con él a la casa. Así lo hicimos. El único problema es que la Meli, erró el número así que dí un pequeño tour por el puerto, un par de minutos antes de encontrar el lugar que parecía más lógico que fuera. Efectivamente. Martín había salido a realizar una entrega, cuando regresó, me habló en dominicano: “dímelo tiguere quéloqué, de pura sepa, encendío” risas, abrazos.. Bueno verte ¿cómo estás vos? preguntó. Le conté sobre el viaje en el camino a su casa. En menos de una semana sería papá, sentí su emoción. Un hijo deseado, sonreí, pensé  en Maturana y sus ideas sobre la humanidad y lo humano... Gabriel tenía suerte, pensé, y me alegra.


XXVIII

Compartimos buen vino, nos pusimos al día. Preguntas, respuestas y planes. Su madre y uno de sus hermanos, vendrían a acompañar el parto, así que habría casa llena, una fiesta. Cenamos juntos esa noche. Meli tenía un antojo de pollo frito, antojo sorprendentemente dificil de satisfacer en Buenos Aires, como si no hubiese chinos, ni dominicanos en el área. En vano intentamos encontrar un lugar que un amigo de Martín había recientemente descubierto, así que comimos en lo de Carlitos, algo que llaman panquecas argentinas, que aunque tal ves sean argentinas, no tienen nada de panquei, y que viene relleno de lo que te dé la gana. Por alguna razón me hizo pensar en el Frank y su obsesión con las yaroas en Santiago.

Nos despedimos en la estación del Subte, me explicaron como llegar. Quedamos en volvernos a ver. Después que llegaron su madre y hermano, anduvimos primero Caminito, donde Ricardo descubriría sus dotes de tanguero, e intercambiaríamos un par de palabras con Foto con Diego, con un tipo cuya máxima virtud consiste en un asombroso parecido a Maradona. Todo un pesonaje, que de hecho era muy conocido. Un mes después, en el Chaltén, Angus, un escocés enorme, incluso para los estándares de la gente alta, me contaría que su foto le salió a precio especial porque Foto con Diego le insistía desde lejos: ¡oye gigante! ¡Gigante! ¡ven! ¡una foto con Diego!


XXIX

Un par de días después Melisa daría a luz a Gabriel y sería tiempo de partir al sur, pero aun, esto no ocurría. Todavía volví a ver a la Vane, César y Juanjo en un pub irlandés, donde hubo muy buena música, e iríamos juntos a un concierto de Catupecu. Todavía faltaba concocer a un cineasta de la India, Marcos, Falk... Gracias a Sophia ya había conocido a Miguel, un cantante lírico, amigo de su familia, que nos contaría la historia del tango y del bandoneón, y nos hablaría de cómo los antiguos obreros de la última fábrica de la europa del este, se están organizando a ver si logran dar con la piedra filosofal y lograr la resurrección del instrumento, antes de que desaparescan los que quedan, pero nos faltaba aun el concierto del Sexteto Mayor en el Torcatto Tasso, y los bares notables con Fernando y Marcos.


XXX

Conocí a Gabriel, el día después de su llegada. Me había enterado por el caraelibro exactamente como Ricardo había pronosticado. Era hermoso verles felices y cansados y felices. Gabriel abría y cerraba los ojos y con frecuencia parecía que riera. Cuando cerraron las horas de visita, nos despedimos. Esa noche cenamos con Fernando y Marcos, en una pizzería en Defensa. La mañana siguiente despedí a Sophia en la estación. Sabía que extrañariamos la cercanía, la música y la buena conversación. Nos despedimos con mucho cariño. Nos deseamos felicidad y suerte.

El resto de ese día deambulé por la ciudad. Hablé con Martín, visité a Melisa y Gabriel en la clínica. Hablé con César. Según habíamos quedado más temprano, traté de ver a la Vane, no la conseguí. Compré un par de alfajores, un jugo y un par de empanadas. Las señales estaban dadas. Hace rato era ya noche. Me dirigí a la estación de Retiro. Un minuto después de la mitad, dije adiós a Buenos Aires y partí hacia Mar del Plata. Pensé en lo que habían sido estas dos semanas. Sentí un millón de cosas. Guardé silencio. Sentí, seguro lloré, recordé no olvidar, extrañé, agradecido, dí las gracias.

H.
BUENOS AIRES 8-28 ENERO 2011.

lunes, 7 de marzo de 2011

BUENOS AIRES V



XIX

Con frecuencia pregunto sobre política, aunque intento querer evitarlo. Tomás es profesor, lo recordaba a él y otro chico con barba, Pablo, de la última vez que había estado en Argentina. Aquella vez con mi hermano. Nos llamó mucho la atención la facilidad de conversar sobre política latinoamericana que encontramos en ellos, también que podían ser, y lo eran, bastante autocríticos con la Argentina.. nos parecieron bastante fuera del estereotipo porteño y se lo dijimos. “Es que la crisis nos ha dado humildad decía Pablo entre risas”. En parte era cierto. Explicaba como había cambiado la balanza en relación con otros países latinoamericanos. Antes los argentinos viajaban a todas partes y nadie viajaba a Argentina.. hoy bueno.. quizás sea otra historia.. De eso hace ya seis años. Esta vez no vi a Pablo. Tomás aún estaba allá, por supuesto no nos recordó, pero no importaba. Nos llevamos una buena impresión de Argentina aquella vez, y ellos eran parte de ella.


XX

Conversaba Tomás con cierta regularidad. Lo encontré en un estadio de vida distinto, esta vez, más papá, algo más tranquilo, y ciertamente algo cansado. Siempre con la música de sus caballos de batalla, especialmente Divididos. Le pregunté sobre la percepción Argentina del gobiernos de los Kichner. Su respuesta al inició me resultó algo familiar, “ante la triste situación de las izquierdas (la falta de propuestas) el menor de varios males” pero continuó para señalar varios aspectos que a él le parecián interesantes. A mi me intersó mucho la propuesta de ley de medios, un esfuerzo por regular la cantidad de patentes de propiedad de medios de comunicación que una persona o grupo financiero puede poseer, y que ha generado un encuentro frontal entre el gobierno y el grupo Clarín, cuyo control de los medios es absoluto en Argentina. Ya en Mar Del Plata este tema estaría sobre la palestra, pues resulta que los hijos adoptados por la dueña del grupo Clarín -la doña- resultan ser hijos de desaparecidos por la dictadura... “Lo bueno de cuando pelean entre ellos es que se sacan todos los trapitos que nunca salen cuando ellos están en buenas”, dirá Guada con sentimientos encontrados, cuando en Mar del Plata, me cuente sobre esa historia. Encontrados porque por un lado, resultaba tan indignante, y tan lleno de cinismo, el que hayan “adoptado” a estos chicos secuestrados, al tiempo que indigna saber que se maneje como un chisme de farándula en lugar de un asunto serio, y además se ponía en el lugar de estos muchachos que por todo lo que ellos saben son los dueños del país y ahora son hijos de todo lo que ellos han sido criados para negar y de lo cual reniegan.. Pero aun no estaba en Mar del Plata, y en todavía no sabía que terminaría yendo allá.. yo me preguntaba que pasaría en Santo Domingo si se intentara algo así.


XXI

Buenos Aires está llena de invisibles. Pero hay una hora en la que todos se organizan y asaltan sin compasión al ojo desprevenido. Y son familias enteras, con ropa, sin sacos ni corbatas, pero con zapatos en los dos pies, las que emergen de las sombras de los otros para sumergirse en la ciudad y sus escombros. En sus tanques, en sus contendedores, en donde guardan lo que ya no usan, lo vencido, lo que les sobra, y aún así funcionalmente invisibles para una mayoría que no se hiere con el espanto de estas escenas, con funciones que se repiten cada tarde, en el centro, en cada esquina, despúes de las siete y media.


XXII

Lo mejor de Buenos Aires es que está hecha para caminar, como si todavía creyeran que la gente es más importante que los carros y esas boludeses... Las aceras: amplias e iluminadas y hay transporte colectivo las veinticuatro horas. Como de todas las ciudades, la gente de dice que es invivible, pero se queda. Que es insegura, que no se puede andar, pero solo muy tarde acaso, quedan las calles vacías. En otras horas viven llenas, repletas de la misma gente que dice que en cada esquina te voltean... Tal ves Buenos Aires sea peligrosa, no lo se, no ha sido aun mi experiencia, quizá lo sea tan poco o tanto como cualquier otra ciudad de Latinoamerica, pero cuando ves laprensa pronto entiendes por qué, las dosis de miedo vienen en varios sabores y colores, y uno no puede evitar sentirse como en casa, solo elija el miedo que más se parezca a usted. Los diarios cuestan cuatro o cinco pesos, menos los domingos, que el miedo se paga tres pesos más caro.

XXIII

Así que como en cada ciudad, hay que creerle a las tripas. Sentir la ciudad. Ni temerle, ni subestimarla. Cuando hay dudas no hay duda, dijo De Niro en Ronin, magnifica sentencia. Y en el camino funciona más o menos así: hay más gente solidaria que gente que quiere hacerte daño. Todas las ciudades tienen sus riesgos. No privar en superheroe. Y aunque cueste, hay que aprender a observar, a sentir y a escuchar, y cuando un lugar te hace sentir extraña o extraño, cambia de ruta, aunque no entiendas bien por qué..


XXIV

Camino todo el tiempo. Buscando libros, imágenes, gente cantando. La redención a veces lleva por caminos extraños. Me gusta que la gente me muestre su Buenos Aires. Los rincones que hacen su cotidianidad, los que disfrutan, aquellos de los cuales parecieran no poder escapar, y ya marcados por su olor y sus huellas.

Además de heladerías Sophia buscaba siempre lecciones de tango, música en vivo y gente bailando. Había estudiado música en parecía realmente preocupada por no perderse un lugar, o un buen profesor. Le gustaba hablar con la gente, y mira a los ojos cuando habla. Quizás por eso nos hicimos amigos.

La conocí la mañana que Estele cambió para el hostel koreano. Hablábamos sobre cocodrilos con Sally: de Australia, del Amazonas, del Lago Enriquillo, y no tengo idea como la conversación había llegado ahí, creo que tenía que ver con que alguien por descuido había perdido un brazo y Sally aún conservaba los dos, pero el caso es que todo el mundo en el dormi terminó hablando de eso por un rato y después se volvió un chiste interno. Sally es una persona sumamente dulce, y considerada. Después de parsarse gran parte de su vida trabajando en puertos y con oenegés, había decidido conocer sudamérica. Llevaba varios meses viajando y le quedaban unos cuantos más por delante. Hay en su mirada y sus palabras experiencia y una cierta inocencia parecida a la ingenuidad. Y, como ya he dicho, a pesar de haber navegado en aguas llenas de cocodrilos, conservaba aun sus dos brazos y una honesta sonrisa.


XXV

Esa noche cenamos en Palermo. Como buen brasilero, Fernando necesitaba comer arroz, así que perfectamente podría haber sido dominicano. A él en particular le gusta el risotto, mucho, y de hecho cocina bien. Pero era la último finde de Carolina en Buenos Aires y decidimos comer fuera. Le pregunté a Sophia y a Sally si tenían planes y si se animaban. Sally había quedado ya con unos amigos y se iba en un rato. Sophia dijo que sí, así que tomamos un colectivo que tardó cuarenta y pico de minutos para atravesar la ciudad. Nos preocupamos un poco por la reservación, pero no mucho. Más interesante era el juego cultural, esa búsqueda de un lenguaje común, y cada una y uno, intentando aprender cosas de los demás. Aunque por un momento me pareció haber ofendido a Carolina con algún chiste impertinente sobre el tiempo que tardaríamos para llegar.. no lo comprobé nunca, debí haberlo hecho..


XXVI

Entramos al restaurant. Llegamos ahí por recomendación de una hermana de Carolina y Fernando. Mesa para cuatro. Fernando todavía tiene algunas limitaciones con el español, pero ya se defendía bastante bien. Recurría ocasionalmente a Carolina para consultar palabras que nuestro portuñol no alcanzaba a traducir. Sophia entendía español y hablaba bastante bien. No parecía que solo hubiese estudiado por tres meses. El mesero llega y amablemente nos preguntá si estamos listos para ordenar. Aun revisábamos el menú. Ordenamos. Fernando conversa con Carolina en portugués (aunque me gusta más decir brasilero..) cuando el mesero pregunta “desean algo para tomar, un buen vino quizás” Fernando, como el estudiante que está diciendo algo indebido cuando todo mundo de repente se calla, responde: obvio, con una entonación y una actitud que Sophia, el mesero y la mesa de al lado se ríen. Carolina que entiende lo que acaba de pasar ríe también, y Fernando, pregunta ¿qué? Cuando Carolina le explica, ríe también. Porque contaba una historia a su hermana en portugués y porque si en verdad hubiese escuchado al mesero, era obvio que esa hubiese sido su respuesta. 

Regresamos juntos al hostel. A carboncillo, dibujé un silencio en una suerte balcón. Callados miramos las estrellas. 


H. (CONTINUARÁ...)

Concluye en el post BUENOS AIRES VI  http://poetskeleto.blogspot.com/2011/03/buenos-aires-vi.html

domingo, 27 de febrero de 2011

BUENOS AIRES IV


XVI

Se dice que el domingo es bueno para caminar. Yo no discrimino, pero era domingo y salí caminar. Conmigo Estela, Carolina y Fernando. Estela venía de Korea del Sur, viajaba sola, hablaba buen inglés, y mientras en Argentina, estudiaba español. Carolina y Fernando eran hermanos, venían de Brasil. Ella hablaba buen español, Fernando recién empezaba a estudiar pero su portuñol era perfecto así que nos comunicamos bien, de cualquier modo, aprendió rápido. Carolina ama la literatura. En Buenos Aires, buscaba autores argentinos, y gustaba de consultar con Ire los libros que encontraba, yo simplemente escuchaba y tomaba nota de autores del Brasil, de donde curiosa, o vergonzosamente, conocía muy poco. Comencé por la Lispecter.. pero era domingo y salimos juntos a caminar. Había feria. Toda la Defensa era un río que se ramificaba en algunas esquinas y se desparramaban toda clase de gentes y colores. El mundo nacía en la Plaza Dorrego y si era un buen día llegaría casi hasta Plaza de Mayo.. o bien cerca. Estela sonreía mucho, con mucha discresión, pero sonreía, evidenciaba su origen y su juventud. Se mostraba curiosa y reservada, como si jugara. Fernando era el más alto del grupo, lo cual era una ventaja estratégica, en esta multitud, lo cual irritaba a algunas turistas belgas que llegaban después y no podían ver la exhibición de chacarera y tango para turistas que había en la plaza, pero no solo era alto el chico, además tenía un fantástico sentido del humor, cosa que encantó a Sophia cuando después se conocieron, pero que no se adivinaba fácil al verlo siempre tan serio.

Caminamos. Carolina habla despacio, sin sobresaltos, sin desperdicios. Aunque disfruta vivir afuera, su mundo grande es adentro. Quiere trabajar con gente y me cuenta un poco de la vida que le espera al terminar su viaje. Estela examina joyería artesanal y objetos extraños, Fernando pregunta cuanto cuestan las viejas fuentes de soda.


XVII

Para saber quien es quien hay que hablar y preguntar. Pero si alguien en Buenos Aires tiene rastas, probablemente te dirá que es artesano. No fue poco lo que río Nancy, una artesana que vive en Trelew con su esposo David y sus hijos, quienes me recibieron en su casa por un par de días después de recogerme en la carretera hace ya un par de largas semanas. Se imaginó con rastas y le preguntó a su hijo como se vería..

Gente, música en vivo: guitarristas, flautistas, una chica que toca un instrumento australiano, hecho del tronco hueco de eucalipto. Cuando ella sopla, su música paraciera electrónica. Me detuve un rato.. Un calendario artesanal ilustrando los hítos de San Telmo, de un estudiante de dibujo que se llama a si mismo Michel Jackson. Las tiendas suenan bajofondo o gotanproyect...

Peatones se sacan fotos con la pareja que simula caminar contra el viento... Teatro.


XVIII

Yo vivo en tu sombra...gritó un hombre blanco, con pinta de artesano y acento agringao, generando sobresaltos.  Se encuentra en el portal de un hotel. Dos policías tratan de disuadirlo a acompañarles. Él tiene las manos teñidas de rojo. Igual es pintura pero la gente se impresiona. Vocifera una cuasi-letanía en la que somos hermanos, y contradicciones y hermanos y dolores y hermanos... Un hombre entra al hotel y otro sale. Él les deja pasar y se lo hace saber a la policía en medio de los gritos. Se sienta. Se calma. Se detiene. El polícía se acerca, él se levanta de un brinco, el policía da otro hacia atrás. ¡Mi casa es tu sombra! ¡Sal de mi casa! Hasta que seamos de nuevo hermanos..

¿Por qué me golpeas? Hoy no somos hermanos y le arroja un tarrito que tiene encima un cactus.. él se pierde en la multitud. Yo pensé en Noviembre... Les pregunté si conocian la película, con la cabeza dijeron que no. 

Seguimos caminando. Hablamos de libros, de nuestros países y de cine. Hacía hambre, decidimos comer.


H. (CONTINUARÁ...)

Continúa en el post BUENOS AIRES IV  http://poetskeleto.blogspot.com/2011/03/buenos-aires-v.html

viernes, 25 de febrero de 2011

BUENOS AIRES III


Estaba en el parque cuando conocí a Cristóbal. Acababa de cumplir 81 años, hacía unas semanas. De él se que tiene dos nietas que lo vuelven loco, y habla muchísimo de ellas. Estoy convencido de que disfruta mucho el ser abuelo. Le gusta caminar y conversar, sobre todo lo segundo, y mucho. A mi también, así que hicimos buena liga, pero sin decirlo ninguno, con mucha conscienca desarrollamos una suerte de código para turnarnos sin forzar. A mi me parece que funcionó, no se que pensará él, pero como él habló más creo que no habrán muchas quejas.

Caía la tarde, es decir, eran como las 8:30 pm. Sí y el sol como que no era con él, como si le pagaran muy bien el tiempo extra, o tal ves era la luna la que le había pedido con picardía que la cubriera.

XIV

El caso es que yo estaba descalzo, sentado en un banco cuidadosamente seleccionado: por el fresco, los árboles, y la vista. En la cara que da a Balcarce, en la cancha, chicas y chicos practicaban con el tambor. La gente se aglomeraba a su alrededor y la cancha, poco a poco se volvía teatro. Las chicas y chicos se divertían, la gente sentada, movía pies y cabeza siguiendo el ritmo.

Les compemplé un rato, seguí, me adentré en el parque, me detuvé, respiré, me senté. Lápiz, felpas de colores, cuaderno para garabatos. Anoté las primeras impresiones sobre buenos aires, desde ezeiza.

Es ahí, en el preciso momento en que encuentro la palabra “mestizo” para referirme a Baires, que una sombra amablemente me arropa: primero los pies, escalando hasta los tobillos y las rodillas.. la observo con curiosidad hasta que me doy cuenta que no se trata de una sombra sola, si no que un par de pies, con zapatos, y tobillos y pantalón, le seguía bien de cerca hasta detenerse, a medio metro de los míos.

Levanto la mirada, sonrío y un hombre viejo, ligeramente inclinado hacia adelante, me devuelve una sonrisa. Traía anteojos, con su correspondiente par de ojos detrás. En ellos curiosidad y algo parecido a la timidez, pero que no era eso.

¿Es usted poeta? me pregunta. Yo no respondo, me cogió fuera de base, me sentí como un cliché y algo avergonzado. Esa es una palabra grande llegué a decir, no lo sé, pero a veces trato con insistencia..

Músico entonces, dijo.. ¿y de donde habrá salido este viejo? Pensé y me preparé a sacarlo de su error. Es que ya menos gente se sienta en los parques, dijo sin pausa para tomar aire. Esto va para largo pensé, este hombre conoce las artes secretas del hablar sin poder ser cortésmente interrumpido, era evidente. Pero estaba bien, me pareció simpático. También yo tenía ganas de conversar.

XV

Dos horas y con veintitrés minutos pasaron desde que preguntó si podía sentarse. Hablamos de los parques, las familias, de San Telmo, de lo mucho que ha cambiado buenos aires, de sus nietas. Me preguntó sobre el secreto de la vida, de las manos, de los rostros y el trabajo. Había vivido en la nueve de julio mucho antes de ser abuelo. Buenos Aires era entonces mucho más pequeño. Había trabajado en el ejército, primero como metalúrgico, luego como mecánico. Sus manos, en especial sus dedos hablaban de esa historia. Con emoción y despacio, él se divertía hablando y haciéndo mi perfil, yo, evitando la tentación de hacer el suyo. Pero sabía que había estudiado psicología por algo en la forma en que ordenaba sus preguntas y sus interpretaciones. Le gustaba la literatura y había trabajdo como marino mercante. Para estos días era sobre todo y orgullosamente abuelo.

Me presentó a algunos vecinos que paseaban con sus perros, y me contaba algo de ellos. Antes de despedirnos me regaló versos de José Hernández, y escuchó con paciencia un par de versos míos.. Los caballos del silencio repitió.. alude a la muerte, afirmó como quien medita. Había sido un placer. Nos despedimos. Yo partí. La noche quedó tendida. Me toca aprender a soñar.  


H. (CONTINUARÁ...)

Continúa en el post BUENOS AIRES IV http://poetskeleto.blogspot.com/2011/02/semana-i-buenos-aires-continuacion_27.html

 

jueves, 3 de febrero de 2011

BUENOS AIRES II



COLECTIVO 8 Y SAN TELMO. BUENOS AIRES, ARGENTINA.

VI

Estaba calmado, algo cansado, algo frío. Me había sentado junto a la ventana, con la mochila mojada en las piernas, de modo que no ocupara el asiento de al lado por si alguien lo necesitaba. Miraba el camino, me incliné un poco hacia adelante y apoyé sobre la mochila. Miraba hacia afuera. Las ventanas del colectivo estaban cerradas, por la lluvia. Una señora se sienta el asiento de al lado. La recuerdo vestida de azul, con pantalón blanco. Hablaba por el celular. Tenía las manos de quien trabaja con ellas.. su conversación se prolongaba. Yo trataba de no escuchar, pero escuché. Le decía a alguien que todo había salido bien, pero los colectiveros la ruta corta estaban en paro y debió tomar la 8, que dijera a la jefa que ya estaba en camino. Bajé de nuevo la cabeza, pensé en Julia, la vez que se lastimó la rodilla, y por más que yo le insistía solo pensaba en volver a trabajar.. no se por qué, pero sonreí. Vagamente, el trayecto se me antojaba familiar. Me quedaba dormido, así que opté por mirar más a la gente. Buenos Aires, Buenos Aires, que mestiza pareces esta segunda vuelta.. sonreí ¿cómo será esta vez? Pensé. El autobus, mojado por dentro, y por fuera, continuaba moviédose.

VII

Me confunden un par de vueltas del autobus. Me bajé una parada antes y caminé un par de cuadras en el sentido contrario al que buscaba. Me di cuenta, y empezé a preguntar. Ocho cuadras hacia atrás. Menos mal que pregunté. Así que serían 13 + 8, serían 21 cuadras, fácil. Pero empezó de nuevo a llover. Me refugié en un quiosco. Al vendedor no le hizo gracia, pero me dió igual. Lo saludé. No respondió. Entonces, paré a una transeunte que bajo la lluvia pasaba, en parte para que no se mojara, en parte para preguntarle, en parte para molestar al del quiosco. Se llamaba Mari, trabajaba en una librería en corrientes. Iba a llegar tarde, pero igual sonreía como quien tiene algo que contar pero no lo dice. Volví a mirar al del quisco, le pregunté si tenía mapas de la ciudad, dijo que sí, ¿y de Argentina entera? Dudó.. sí, dijo. ¿Cuánto cuesta esto? insistí tomando un periódico cualquiera... está bien, ni responda, muchas gracias, tenga usted un buen día. Y me fui. Lo vi cambiar de color. Mari me llevó hasta la esquina para mostrarme el camino hasta Balcarce.

VIII

Balcarce es una calle singular. Inicia a uno de los costados de la casa rosada, que es un edificio no muy agraciado, dónde se hacen fotos a quienes visitan a las cabezas de gobierno.

Al caminarla pronto te das cuenta que se tuerce, se confunde, se interrumpe, como un asalto al eficiente tramado cuadriculado de Buenos Aires. Si andas además, como la econtré yo, pensando en muchas cosas, ligeramente cargado, cuando lo descubras será ya tarde. En un azar levantarás la cabeza y encontrás un muro. Entonces, aplicarás la misma regla que cuando buceas: Detenerte, respirar, pensar, actuar. Verás que la calle perpendicular que te atraviesa se llama de otra forma. A tu izquierda Paseo Colón, una avenida que es la misma Alem, que es la misma Libertador; y varios metros a la derecha, tímidamente reaparecerá Balcarce, y la verás entonces hacerte un guiño como burlándose acaso de ti, y de sí misma, pensarás , pero recuerda que es una calle, que no puede hacer eso, así que es no te engañes, sabes que solo puede reirse de ti.

Continúa caminando. En verano hará calor. Dependiendo el día y la hora encuentras aceras, vendedores de frutas, parrillas, parrillas en las aceras, específicamente en los contenes, y sobre los contendedores, y gente con ganas de parrilla haciendo buen uso de una envidia secreta y pasajera.. en todas partes huele a carne y candela. Se ve que el diablo sabe de los gustos del mercado: cuando no es el pellejo propio el infierno no huele tan mal, pero falta el azufre.

IX

Estás en San Telmo y se nota, la gente anda a un ritmo curiosamente distinto, a veces insistente y necio, a veces simpático. Si te ven turista, escucharás mucho la palabra “tango”, aunque no tanto como en Defensa, y se va debilitando en la medida que avanzas. Para cuando llegas a la calle antes de Garay, el acoso suele haber desaparecido y se parece a una calle tranquila, de cualquier otro barrio tranquilo. Por ahí llegas y pasas frente a S.. un Hostel donde he dormido a veces (y de donde una vez me echaron para que no me quedara estancado en Buenos Aires), y frente al edificio donde vive Doña Luisa, a quien conocí cazando heladerías con Sophia.

X

Rondaban las 12 cuando la conocimos. Era de noche. Sobre Bolivar, dos señoras, mayores, conversaban distraídas sobre política, y recetas. Comieron helados que parecían como de frutas con dulce de leche y  rieron mucho. Sophia, con alemana tenacidad, se pregunta sobre si tenía o no derecho a tirarles una foto. Tratá sin flash, le digo jugando a mi acento porteño. Lo hizo, no sirvió, salió muy oscura. La había adivinado. Te embromaste, le dije. ¿qué es bromaste? Preguntó ella.. Problemas, pensé, no tenía ganas de traducir, te fuñiste, te jodiste...

Sonrió, le gustaba aprender palabras nuevas, sobre todo de esas que te dan muchas formas para decir lo mismo. Así que asintió, y repitió: em-bro-mas-te... ¿embromé, che? Casi, dije, es reflexivo. Reflexivo dijo, me embromé.. (pausa) obvio.. (pausa) ¿tu crees?¿qué creés?

Ahora era ella la del acento y lo dijo como una carretilla, con una urgencia callada, parecida al lamento del que tiene que irse, sin todavía quererlo, como si temiera perder el momento de abrazar. La ví. Me ví. Me conmovió. Te queda una oportunidad: preguntá, (me divertía con el acento, porque ahora ella no sabía si hablarme de tu o de vos..), no lo hizo, pero la ví, y a mí, así que lo hice yo.

Una hora después ya no estabamos sobre Bolivar, hace rato habían ya muerto los helados. Una hora después andábamos de nuevo en Balcarce, tomando sidra en casa de Luisa, una de las doñas, mientras nos contaba sobre su hijo, la historia de su nuera, sobre la gente en buenos aires y los zafacones. Sobre la desgracia de que el país haya vivido el gobierno de aquel que porque da mala suerte, como un voldemort argentino, no debe ser nombrado. Hablamos también de nuestros viajes y sobre el resto de América Latina, en especial de Bolivia.. Cerca de las 2, nos despedimos. Si nos llevamos de ella amanecemos ahí. Le prometimos que en par de días recibiría copias de las fotos. Preguntó cuanto iba a costar, por quinta vez le dijimos nada, no lo creía, y cada vez nos abrazaba, y nos decía lindos. Entonces nos fuimos: Balcarce, Garay, Defensa.. Sin prisa deambulamos. Un rato en Plaza Dorrego, regresamos al hostel.

XI

Al otro día, a buscar un banco, sobre Defensa hasta Plaza de Mayo, Encontré cajero con dinero. Tuve suerte. Había escases de billetes en argentina (en el sentido literal, no en el figurado), pero fue la única vez -que tuve suerte- no porque no hubiese más billetes argentinos en los cajeros, ni porque me faltara dinero en la cuenta, sino, por la incompetencia olímpica de la asociación de ahorros que maneja mi cuenta en Dominicana.. en fin, el caso es que la tarjeta más nunca ha servido... y me tocaría conocer todos los cajeros de buenos aires pasando vergüenza.. Después que te piden código, tipo de cuenta, tipo de transacción, te explican que hay un cargo por transacción internacional con otro banco, y le das a todo “confirmar”, esperas 6 segundos más para que el cajero te diga altanero: no puede usar su tarjeta en este cajero, retírela. Con lo que me gustan a mi los bancos. En esos momentos, por un pedacito de tiempo, un chin chin de momento, lamenté no tener más un colchón.

Pensé en el corralito y lo que debió sentirse, en la gente y el aumento de estadísticas sobre números de infartos, y otras cosas molestas y tristes, así que visité la casa rosada, donde por el bicentenario, hay una exposición sobre héroes nacionales de cada país. Allí encontré el retrato de Duarte más feo que visto en toda mi vida. Donado por el excelentísimo presidente de la República, el Sr. Dr. Leonel Fernandez Reyna, a quien más tarde que temprano, si algo podemos aprender de Argentina, antes que sea tarde, deberemos empezar a tratar de Voldemort.

Después de concluido el tour de los pollitos que te dan por dentro, en el que apenas te explican nada importante (y que por alguna razóm me hizo pensar en Ojo de Agua en Salcedo), para respirar, salí a la calle.

XII

Balcarce, en fin, es una calle intermitente, de inocencia interrumpida. La mejor interrupción de aparece de lejos como es una elevación verde, que al acercarte te recibe con una leve depresión, y una cancha, en la que chicos juegan a correr, mientras una banda de tambores jóvenes, practica su coordinación. Escaleras. Pobladas de despemplados y turistas, público cautivo, rodeado una verde superficie cuya extensión y belleza desde la calle apenas se percibe, pero no se adivina.

Subí, pise la yerba en vez de fumarla. Me quedé descalzo. Respiré. El parque tenía buen nombre... 

H. (CONTINUARÁ...)

Continúa en el post BUENOS AIRES III http://poetskeleto.blogspot.com/2011/02/semana-i-buenos-aires.html

domingo, 23 de enero de 2011

ARGENTINA: BUENOS AIRES I

8.ENERO.8:08AM / EZEIZA. BUENOS AIRES, ARGENTINA

I.

Era ya sábado cuando llegué a Buenos Aires. Parecía haber llovido. Estaba fresco. Después de jocear dos pesos en monedas para el colectivo (pariente cercano de los autobuses, camellos y guaguas), seguía pensando en lo mala que es la comida que dan en American y en como el “jugo” ese me iba a dar gripe. Por suerte no estaba lloviendo, solo bastaba con no mojarme.

La tarea era simple: salir, ubicar la parada de autobus y esperar. Pregunté por el 8 a una chica convenientemente llamada Información, quien a pesar del veneno con el que pronunció su nombre, me ha parecido muy amable.

Información llevaba el pelo por los hombros, y cuando se dejó de perra, girando un poco el cuerpo a su derecha señaló la salida y dijo: -¿ves esa puerta?.. su pelo lucía impecable, y cansado, -salí y caminá hacia la izquierda, decí al conductor que hasta Plaza de Mayo.. me dijo que al llegar tendría diferentes opciones.. para cuando terminó de hablar parecía haber recordado que trataba con otro ser humano. Su rostro era más dulce. Me obsequió un mapa de la ciudad y me advirtió que aprendiera a coleccionar modenas, porque estaban escasas y las necesitaría.

Le dí las gracias. Romina, dijo, le devolví la sonrisa. Gracias Romina, salí.

Traté de imaginar su historia. No pude. Así que pensé un poco en la mía.

II.

Andaba ligero. Diez garabatos, un par de historias y 18lbs de ropa en la mochila, todo lo demás o quedó atrás o va por dentro. Algo así se sentirá morir. Pero sin garabatos, ni por dentro, ni mochila.

Pero había aire en mis pulmones, y sentía fresca la mañana. Aún sentía ganas de orinar, y aun me parecía demasiada información. Estaba vivo y con ganas ya de estar en San Telmo.


III.

Viajar en colectivo era por mucho lo más barato, pero tomaría más tiempo. Estaba bien, tenía tiempo, lo cogí variado.

Con lo que no contaba era con la espera previa. Como era mi costumbre con las OMSAS en Santo Domingo, llegué justo cuando había el chofer arrancado.. De inmediato puse cara de turista desorientado: como monito de zoológico, agitando los brazos.. el chofer no se detuvo. Pensé en los turistas verdaderamente desorientados, sin mucho tiempo y con caras de circunstancias que habían estado antes en estos zapatos. La empatía duró poco. Dejé de preocuparme por los turistas. Pensé en la gente rompiendo brazos para llegar al trabajo, a pie, todos los días, y en que los patrones no cogen esa. Los profesores tampoco.

Como “maestro” es absolutamente obligatorio dudar de cualquier oración en la que se combinen las palabras tarea, comida, perro y/o ponchaduras de neumáticos, de lo contrario, te tratarán -merecidamente- como un pendejo.

Pero resulta tan frecuente escuchar que “rocko” se comió y orinó la tarea (no precisamente en ese orden) que había que contar con un arsenal de respuestas instantáneas, variadas y desconcertantes para desincentivar esa sinverguencería, sin perder el trabajo al que ya se había llegado descompuesto y tarde porque el chofer de la 37 no le dió la gana de coger el tapón completo y apeó a to´el vivo a 20 metros de la parada, y eso que a lo mejor ni sabe lo que es un metro, ni cuantos pies caben en 20, pero qué importaba esa vaina. Como quiera nos quedamos como 23 idiotas: desconcartados, tarde y viendo al chofer con su OMSA pasarnos de frente hasta la parada casi vacía y continuar... Pero no estaba ahora en Santo Domingo, y aun no llovía, las cosas iban bien.

IV.

Pedí un periódico, nadie andaba con uno. Aproveché para cambiar la felpa rojoprofesor con la que andaba por algo más convencional. Un clásico color azul marino, admisible en todos los bancos y formularios I94 que en el aeropuerto de Miami me hizo perder tanto tiempo.

A pesar de que par de veces pedí el cartoncito blanco a los azafatos del 377, me dijeron que no lo necesitaría, cosa que conociendo a los gringos, me pareció una estupidez, así que cuando llegué al mostrador en migración, no me quedó más que decir yessertenkiuser cuando un moreno grande apellido Moses con algo de humor y mucha cortesía me indica que vaya a buscarlo..

La ida, 63 pasos. Una cajita con cartoncitos blancos. Extiendo la mano tomo uno y lo completo. La gracia me costaría 128 pasos más 20 minutos, no era gran cosa. Volver a la fila y ponerme dónde el jefe me viera.

Justo cuando me toca otra vez, se va a orinar. No hay problema, es humano, es justo, cuando regresa, me ve y me sonríe, CAMBIO DE GUARDIA. El que viene ahora tiene apellido latino, así que seguro me lo iba a poner en china. Cuando terminan el ritual de traspaso, me pide avanzar y me pregunta a qué hora es mi vuelo y si tenía prisa, yo lo miro en silencio, qué gancho es ese, luego me pregunta ¿por qué me habían hecho devolver y le cuento, me mira, se ríe, y me dice: tendré que devolverte otra vez. No relajes le digo -porque en verdad no me hizo gracia- mientras multiplico por dos mi cuenta de pasos, y pregunto por qué. Me dice que no sabe si se puede llenar con tinta roja porque eso va por unos scaners y puede ser que.. bueno el caso es que el nunca ha visto que se entreguen así, que buscara otro lo llenara y volviera a ponerme ahí dónde el me viera.. Fui al mostrador, llené dos más y tomé otro vacío. Me llama, avanzo, 4 dedos, pulgar, foto. A qué se dedica me pregunta, hasta ahora he sido profesor, ah ¿de qué? De historia. “la historia la escribe quien gana la guerra” orgulloso me dice. Eso dicen y así parece ser, respondí, no se preocupe que no le voy a contar esto a tus estudiantes dice con ironía. Sin cuidado, de eso me encargo yo... recordando esto metí la mano en los bolsillos rompí en cuantos pedazos pude los formularios, y deseché en varios zafacones, ya saben, por la paranoia y eso.

V.

Algunos pasos más adelante encontré la parada del 8. Conmigo se sentaron una pareja jóven. Se habían venido de Colombia, tenían poco en Argentina, primera vez en Buenos Aires. También un muchacho peruano, y un señor mayor, un viejo, y argentino, que evitó que todos nos subiéramos en el colectivo equivocado más de una vez. Una hora después aun no había llovido.

Cuando el señor mayor -viejo y argentino- dijo ver el 8 venir, como por invocación empezó la brisa, y con ella la lluvia. Entonces algo ocurrió. 17 personas y 5 mochilas, nos comprimimos desafiando las leyes de la etiqueta y de la física -en ese orden-. Fue un empate. Hicimos trizas las primeras pero fuimos humillados por las segundas, experiencia que llevó, no solo a repensar mi confianza en la física teórica contemporánea, sino a que el autobús no llegara sino hasta que estuvimos todas y todos mojados, llenos de humedad compartida.

Y así subimos, nos sentamos. El autobús olía a perrito mojado, o tal vez no era el autobús y era yo, o tal vez no era a perro sino a gente, sin paraguas y en tránsito, acumulando cansancio, humedades y tragedia en las ventanas, los pasamanos, en los asientos y era ese olor y no otro el que a mi me parecía a perro, y que llegaría conmigo, hasta plaza de mayo.


H. (CONTINUARÁ...)

Continúa en el post BUENOS AIRES II  http://poetskeleto.blogspot.com/2011/02/semana-i-buenos-aires-continuacion.html  :)