sábado, 30 de abril de 2011

MAR DEL PLATA II

[continúa desde el post MAR DEL PLATA I http://poetskeleto.blogspot.com/2011/04/mar-del-plata-i.html]


en Mar del Plata junto a los perros del amanecer..


V

Desperté temprano. Muy temprano. Había muerto Elena Walsh hacía poco más de una semana y muchas de sus canciones sonaban todos los días. Salí a fotografiar el amanecer. La cámara era nueva, el viaje era nuevo y estaba en pilas. Guido, que cubría el turno de la amanecida, confesó riendo que había subestimado mi fiebre. En algún momento del ascenso solar, las chicas me alcanzaron. Ya clareaba, y la playa estaba llena de perros fotogénicos, borrachos y un ciclista dormido. 

VI

Al regresar, las chicas volvieron a dormir. Me quedé en el living viendo las noticias y conversando con Javier, quién me contaba sobre la correlación de fuerzas en la política argentina en estos días. Me contaba como había repensado la historia nacional que conocía a partir de los trabajos de Felipe Pigna y su aproximación a la historia de la Argentina, y me recomendó empezar por 1810, pero porque anoté Pigena en lugar de Pigna, no fue hasta que en El Calafate, Leo me sacó del error mientras me recomendaba leer La Cajita Infeliz de Eduardo Sartelli. Curiosamente encontraría los libros de Pigna en el LibroCafé en uno del los regresos al Calafate casi dos meses después.

VII

Pero esa misma mañana, tras el primer amanecer llegó el Javi, -uno distinto, otro- un muchacho joven que ya ha vivido muchas. Lo primero que hizo, fue aclarar unas dudas sobre la autenticidad de los nuevos billetes argentinos que, al parecer, ahora los hacían en Brasil y la gente andaba algo confundida. Hace un tiempo había trabajado como cajero y por eso sabía. Ahora estudiaba filosofía y le gustaba pensar a Nietzche. Tenía un par de días en La Feliz, viendo a su novia que estaba en casa de sus viejos, con quienes cenaría la siguiente noche. Hablamos de la vida, los caminos, de los beatles, the doors y un músico amigo suyo que se había ido a probar suerte a Colombia. Después, fumó un de un par de puchos se fue a dormir un rato.

VIII

Decidimos buscar aguas más tranquilas, así que tomamos el 221 (único que se podía pagar con efectivo) hasta la última parada, que después del transfer a otro autobús, nos dejaba en Acantilados.. Pero antes, mientras esperábamos, Sara había desaparecido. Ah sí, ella hace eso a veces dijo tranquila María. Cuando reapareció había una sonrisa grande en su rostro y alfajores en sus manos. "Estos son los mejores del mundo" decía, y nos dió uno a cada uno. A mi me tocó de Membrillo, fruto para mi hasta el momento desconocido, lo que a ellas les causó gran sorpresa y entonces quedaron en que tenían que darme a probar la tarta friola, y otras facturas membrillescas. Si bien cumplieron su promesa, al membrillo lo conocería en persona (o en fruto debería decir) sino hasta tres meses después, en Chile Chico, cuando Kate, maroteando en el patio de Doña María, encontró algo que parecía una pera con aires de guayaba y que a ella le sabía entre a piña y a mango, y que ni ella, ni Andrew, ni yo supimos identificar, hasta que nuestra anfitriona se encargo de las cortesías de lugar y nos presentó como debe ser: mostrándonos la fruta y preparando un buen postre.. Así que eso pasó cuando regresó Sara. Y entonces, dado que los autobuses estaban repletos, decidimos comer primero e hicimos un picnic, en una buena sombra en el parque central. Cuando terminamos encontramos autobús.

IX

Había mucha gente, para ser la playa que era, pero igual se podía era mucho más tranquila. Un una pareja como salida del Imagianium del Dr. Parnasus, atraviesa la playa. Él tira de una carreta, a la gitana, llena de telas, vestidos y otras prendas. De vez en vez se detenían y hablaban con la gente, pensé que debía escribir un corto para esos personajes y su carreta en el mar, traté de filmarles, y les filmé, pero no logré la toma que quería.

X

Salí del mar cuando empecé a temblar (porque el agua de acá es un poquito demasiado fría para este cuerpo tropicalizado). Cuando me vine del mar Sara dibujaba y pintaba. María hablaba con su nuevo mejor amigo. Me senté con la espalda en una gran roca y dormí un poco. Fue mi primera "siesta" argentina. Tenía ganas de hacer fotos del atardecer desde el rompeolas en el puerto, así que regresamos antes de que cayera el sol. Un solo tapón. Nos quedamos en la estación del puerto. De camino al Cristo, saludamos a los lobos marinos en la reserva. Encontramos, además barcos iluminados con sutileza y gracia, tanta, que no parecía ser a propósito.. A María le había cogido con conquistar cada pilotillo en los casi dos kilómetros de recorrido, pero parecía muy feliz, así que había que dejarla. 

XI

Era curioso, vi el sol salir cada día que estuve en Mar del Plata. Cuando regresamos de Acantilados, había anunciado un concierto de Palito Ortega (sin comentarios) y No Te Va a Gustar, un grupo joven de Uruguay que está sonando mucho en estos días. Cuando llegamos al Hostel, Sara desapareció, cuando reapareció resultó estar hace rato dormida, al parecer mucho sol. Así que se volvió calabaza. María también parecía estar en descansar. Yo.. no; pero estaba tranquilo y en mi cabeza seguía sonando la misma canción:





H. (CONTINUARÁ...)

viernes, 29 de abril de 2011

MAR DEL PLATA I


El sol sale en MardelPlata y entre tanto hay una luz..


I

Toda MardelPlata dormía cuando llegué a la estación. Eran cerca de las 5:00 a.m. El bondy llegó una ahora antes de lo que esperaba. No importaba. Busqué café en la terminal, también un par de medialunas. Esperé un rato a que saliera el sol. Cuando subió, busqué el este y caminé. Esperé por un colectivo que fuera al centro. Llegó, pregunté, subí. Una vez frente a la máquina, no encontré donde colocar las monedas, "solo tarjeta" dijo el conductor. "¿Cómo hacemos pues? Acabo de llegar, no sabía.. repliqué tranquilo. "Pregunte a ver si alguién tiene crédito en su tarjeta y dele los dos pesos" me respondió, y preguntó él mismo antes de que yo abriera la boca. Una joven se ofreció, le dí las gracias, por favor me dijo.


II

Me quedé en la San Martín una peatonal que nace o muere en el malecón, y que a esa hora, salvo el chico del quiosko de los periódicos estaba desierta. Necesitaba encontrar hospedaje, y sabía que debía hacerlo bien temprano porque era jueves y estas semanas La Feliz estaba que reventaba, pero era jueves y a esa hora TODO estaba cerrado. Caminé buscando hostels, locutorios con internet o algún lugar con wi-fi. Nada. Caminé por la costa, me pareció hermosa la calma, y al mismo tiempo curiosa, había imaginado una ciudad sin sueño, y encontré la Mar en calma. Me gustó la "decepción", pero necesitaba conseguir cama. Pregunté al joven del quiosko si conocía de hospedajes baratos y limpios. Me dijo que siguiera sobre la San Martín y buscara cerca de la farmacia, a mano derecha. Caminé según las instrucciones y lo encontré, toqué y nadie respondió. Cerca de las 8am, encontré un Ciber abierto. Busqué por referencias y disponibilidad de hospedajes en esta ciudad, anoté las direcciones y los teléfonos de las opciones que me parecieron y ordené la lista de acuerdo a la impresión que me dieron.

Empecé a llamar. Conseguí un espacio en lo que parecía un buen lugar, cuando estoy anotando las instrucciones, se corta la llamada antes del tiempo que se supone había pagado. Cuando cuelgo y levanto para volver a llamar el telefono no tiene tono, y en la pantallita verde dice estar ocupado y que trate más tarde. ¿Cómo así? Pensé, traté una vez más y lo solté en banda. Caminé hacia la dirección que tenía, y preguntando llegué a Roma, o al Totem, que esté caso era lo mismo. Cuando abrieron, dije hola, mi nombre es.. llamé hace un rato preguntando si tenían cama en un dormi y se interrumpió la llamada...

Sí, que bueno que llegaste me dijo Guada quien tomó mis datos y en un plano de la ciudad me orientó rápidamente. Era todavía temprano y debí esperar, pero dejé mis cosas en el depósito y me senté a escribir. Al rato, salí a comprar vegetales y especias, tenía ganas de cocinar y comer bien que no siempre son la misma cosa. Cuando regresé me pusé a picar vegetales.


III

Picaba morrones verdes y amarillos cuando entraron dos muchachas con pinta de españolas, quién sabe por qué, pero esa fue la impresión que antes de hablar me dieron, mientras tanto sonarían Aznar y Drexler, como siempre que concinaba por esos días.

Hola saludó una de ellas, quizás por interés, quizás por cortesía, quizás porque me había apropiado de la cocina y querían decirme aunque tu no quieras te vamos a robar un par ollas y hornillas.. quién sabe, pero parecían simpáticas. Hola respondí.

Traían arroz. Sin decir nada les pasé una olla. Sin decir mucho, con un gesto una de ellas la recibió. La otra se había sentado en la mesa. Bueno, no sobre la mesa, no había necesidad. La cocina agradable, con buen espacio y con una mesa cuadrada con cuatro sillas y ella se había sentado en una de las sillas dejando caer los codos sobre el tablón y la cabeza sobre las manos que se encontraban conectadas a esos codos por medio de las muñecas y un par antebrazos largos y delgados.

¿Como se llaman? les pregunté mientras lavaba las hojas de albahaca. Sara y María respondieron. Y resultaba que no eran españolas sino rosarinas. María estaba en la mesa, a mi izquierda y ligeramente a mi espalda, Sara a mi otra izquierda en la estufa.

Sara y María de Rosario, les tengo una propuesta indecente, dije medio sin inmutarme. Sara que está moviendo el arroz, y que no se sonroja, pero casi, se sonríe !¿ah sí?! dijo, una propuesta indecente hum a ver.. María puso cara de no entender que estaba pasando, como si no hubiese escuchado bien o no le pareciera verdad..

Compartamos la comida. Almorcemos y cenemos juntos les propuse. Había picado suficientes vegetales para varias comidas, el pesto ya estaba envasado, tenía todo listo una pasta de tomates con crema de hongos para la cena y aún quedaba algo para mezclar con lo que hicieramos ahora, así que les propuse que prepararan ellas esa comida y yo la cena.

Ambas rieron, María acaba de entender toda la conversación y Sara que ahora reía más de los nervios que de la picardía, (porque atento a la gracia ahora le tocaba cocinar para tres incluyendo un perfecto e indecente extraño) empezó a hablar de su hermana que según ella era la que si cocinaba bien.. y empezó a mirar el arroz que no se secaba (porque habían comprado arroz para risotto) y dijo, bueno mañana tendremos que cocinar de nuevo para compensar por esta, porque eso es trampa. Mientras tanto te presento al sancocho. Yo me reí, mucho, y dije: lamento contradecirte pero esto quizás pueda pasar por asopao, pero NUNCA por sancoho (o será salcocho, esa antigua discusión semántica), y les conté un poco sobre las artes culinarias dominicanas. Mezclamos el arroz con vegetales y especias y comimos bien. Esa tarde fuimos juntos a caminar y buscamos playa.



IV

En la ciudad, gente por un tubo, y sin teatro. Normalmente poblada por 750 mil habitantes, esta semana sostenía a dos millones y medio de seres humanos llenando cada centímetro cuadrado de arena.

Caminamos por la costa, hacia el sur. Hacía un día hermoso, lo cual era sorprendente porque había amanecido realmente nublado. Cuando llegamos al lugar que nos habían recomendado, nos sentamos cerca del rompeolas. Cuando metí ambos pies en el agua, me di cuenta lo mucho que extrañaba el mar. El agua estaba algo fría pero las ganas de mar fueron más. Como siempre, pedí permiso y entre a nadar.

Sara y María le tenían sus reservas al mar. Una de sus madres es insistente con el riesgo de ahogarse y esas cosas.. algo relacionado con una tormenta, el viento y unas ventanas abriéndose a la fuerza. La otra dice que le da mucho frío. Entre tanto ahora sabía que eran amigas desde niñas y que cada mañana una de ellas mira por una ventana que antes vivía en la casa de la otra, lo cual pareció una imagen fantástica. Hablamos de música, de cine, de comida, de política y de literatura.. Además,y por supuesto y con mucho placer: muchísimas tonterías e incoherencias. De regreso al hostel, y después de una buena ducha, cenamos. Un rato en el balcón, una cerveza, un par de poemas, un par de cuentos de infancia, y de la no tan infancia, un par de fotos a la calle, descubrir que María podría ser un fantasma y a dormir. Había sido un buen día.


H.  (CONTINUARÁ...)

Continúa en el post MAR DEL PLATA II  http://poetskeleto.blogspot.com/2011/04/mar-del-plata-ii.html

martes, 8 de marzo de 2011

BUENOS AIRES VI

[ continúa del post BUENOS AIRES V  http://poetskeleto.blogspot.com/2011/03/buenos-aires-v.html ]


XXV

Había tratado de comunicarme con la Vane toda la semana. Sin suerte. Pero yo sabía que no es lo mismo vivir en Buenos Aires que venir de visita, y que probablemente, y sobre todo al principio, tendríamos horarios muy diferentes. De modo que no fue problema. Cuando por fin nos vimos fue en su casa.

El 61 y el 152 harían el trabajo. Me tomó mucho llegar. Cuando llegué ella y César comían. Nos sentamos en el patio abierto, en donde un mural con un extrañísimo intento de mapa de la isla, dormía incompleto en la pared. Con la discresión que nos caracteriza cuando estamos juntos, y pensando en mi hermano, le pregunté a Vane si sentía demasiada nostalgia, con veneno por supuesto, me miró con cara de “¿eh?”. Si hay dos cosas que ella tiene, una es buena cultura musical (es de este tipo de gente que a quienes llamas cuando quieres recordar el nombre de alguna canción o alguna banda) y la otra es un elegante sentido de la estética, por lo que o el leit motive y la técnica del “mural” en su no provenían de ella, o las cosas andaban muy mal. Así que le volví a preguntar esta vez con un tono deliberadamente más irónico y señalando el mural. ¡Ay maldito! Tu no sabes la historia de eso, rió, me contó la historia, yo tenía razón. Habiéndo superado eso, nos pusimos un poco al día, escuchamos música, César tocó algo de guitarra, yo también, me sacaron una foto que parece portada de cd bachatero, o un comercial malísimo del Puma, y que, por, supuesto publicaron en el caraelibro.. entonces sería yo quien recibiría una merecida dosis de veneno.

Esperamos a Juanjo, con un par de cervezas. Pero había un encargo pendiente de entrega. Un roncito que ya debía sospecharse que iba a morir ese mismo día. Buenas conversaciones sobre movimientos sociales, sobre cine y literatura, son mis recuerdos de esa noche. Había pasado la media noche cuando me fui. Hacía frío, escuchaba un playlist con los Beatles, Spinetta (Almendra y Pescado Rabioso) y Esperanza Spalding. Por un rato, en la estación, sentí soledad y frío.


XXVI

Caminaba yo pensando en Información (en Romina, la del aeropuerto) mientras buscaba monedas en los bolsillos. Reí porque me di cuenta que me pasaba cada vez que no tenía las que necesitaba... Al final no encontré ninguna así que caminé más. No era problema.

Cuando eso pasa, normalmente los bolsillos andan llenos de facturas, papelitos con notitas, envolturas, tapas de lapiceros y demás objetos de servilidad dudosa. Pero esta vez, entre los escombros del día anterior, llevaba en los bolsillos, el listado de autores bralsileros que me había que había iniciado con Carolina, y completado con Marcos. Incluía novelistas, cuentistas y poetas, e incluía autores jóvenes.

Marcos llegó a Sandanzas un par de días antes de que saliera yo de Buenos Aires. Tocaba guitarra la primera vez que lo vi. Es profesor de literatura y edita Agua da Palabra una revista literaria digital. Nos vimos relativamente pocas veces, pero hablamos bastante, en portuñol por supuesto, nos entendimos bastante bien. Para mí, resultó evidente, nos volveremos a ver.

Así que este es el listado cortesía de Carolina y Marcos.

Cuentistas y novelistas: Guismarais Rosa, Machado de Assis, Clarice Lispector, Caio Fernando Abreu, Joao Gilberto Noll, Sergio Santanna, Silvano Santiago.

Poetas: Carlos Drummond de Andrade, Cecilia Meireles, Augusto de Campos, Haroldo de Campos, Ferreira Gullar, Casé Lontra Marques, Wladimir Diaz-Pino.


XXVII

Melisa y Martín esperaban su primer hijo. Yo había decidido que dejaría Buenos Aires el día después de conocer a Gabriel. Melisa tenía una panza grande y redonda, y aunque era como si la panza la tuviera a ella estaba radiante, me contaba que había tenido un embarazo feliz. Me enterneció y alegró mucho encontrarla así.

Martín trabaja en una lavandaría cerca del puerto. Meli me había escrito con la dirección, quedaba cerca de donde estaba parando, así que a ellos les pareció que era más fácil encontrarme con Martín e ir con él a la casa. Así lo hicimos. El único problema es que la Meli, erró el número así que dí un pequeño tour por el puerto, un par de minutos antes de encontrar el lugar que parecía más lógico que fuera. Efectivamente. Martín había salido a realizar una entrega, cuando regresó, me habló en dominicano: “dímelo tiguere quéloqué, de pura sepa, encendío” risas, abrazos.. Bueno verte ¿cómo estás vos? preguntó. Le conté sobre el viaje en el camino a su casa. En menos de una semana sería papá, sentí su emoción. Un hijo deseado, sonreí, pensé  en Maturana y sus ideas sobre la humanidad y lo humano... Gabriel tenía suerte, pensé, y me alegra.


XXVIII

Compartimos buen vino, nos pusimos al día. Preguntas, respuestas y planes. Su madre y uno de sus hermanos, vendrían a acompañar el parto, así que habría casa llena, una fiesta. Cenamos juntos esa noche. Meli tenía un antojo de pollo frito, antojo sorprendentemente dificil de satisfacer en Buenos Aires, como si no hubiese chinos, ni dominicanos en el área. En vano intentamos encontrar un lugar que un amigo de Martín había recientemente descubierto, así que comimos en lo de Carlitos, algo que llaman panquecas argentinas, que aunque tal ves sean argentinas, no tienen nada de panquei, y que viene relleno de lo que te dé la gana. Por alguna razón me hizo pensar en el Frank y su obsesión con las yaroas en Santiago.

Nos despedimos en la estación del Subte, me explicaron como llegar. Quedamos en volvernos a ver. Después que llegaron su madre y hermano, anduvimos primero Caminito, donde Ricardo descubriría sus dotes de tanguero, e intercambiaríamos un par de palabras con Foto con Diego, con un tipo cuya máxima virtud consiste en un asombroso parecido a Maradona. Todo un pesonaje, que de hecho era muy conocido. Un mes después, en el Chaltén, Angus, un escocés enorme, incluso para los estándares de la gente alta, me contaría que su foto le salió a precio especial porque Foto con Diego le insistía desde lejos: ¡oye gigante! ¡Gigante! ¡ven! ¡una foto con Diego!


XXIX

Un par de días después Melisa daría a luz a Gabriel y sería tiempo de partir al sur, pero aun, esto no ocurría. Todavía volví a ver a la Vane, César y Juanjo en un pub irlandés, donde hubo muy buena música, e iríamos juntos a un concierto de Catupecu. Todavía faltaba concocer a un cineasta de la India, Marcos, Falk... Gracias a Sophia ya había conocido a Miguel, un cantante lírico, amigo de su familia, que nos contaría la historia del tango y del bandoneón, y nos hablaría de cómo los antiguos obreros de la última fábrica de la europa del este, se están organizando a ver si logran dar con la piedra filosofal y lograr la resurrección del instrumento, antes de que desaparescan los que quedan, pero nos faltaba aun el concierto del Sexteto Mayor en el Torcatto Tasso, y los bares notables con Fernando y Marcos.


XXX

Conocí a Gabriel, el día después de su llegada. Me había enterado por el caraelibro exactamente como Ricardo había pronosticado. Era hermoso verles felices y cansados y felices. Gabriel abría y cerraba los ojos y con frecuencia parecía que riera. Cuando cerraron las horas de visita, nos despedimos. Esa noche cenamos con Fernando y Marcos, en una pizzería en Defensa. La mañana siguiente despedí a Sophia en la estación. Sabía que extrañariamos la cercanía, la música y la buena conversación. Nos despedimos con mucho cariño. Nos deseamos felicidad y suerte.

El resto de ese día deambulé por la ciudad. Hablé con Martín, visité a Melisa y Gabriel en la clínica. Hablé con César. Según habíamos quedado más temprano, traté de ver a la Vane, no la conseguí. Compré un par de alfajores, un jugo y un par de empanadas. Las señales estaban dadas. Hace rato era ya noche. Me dirigí a la estación de Retiro. Un minuto después de la mitad, dije adiós a Buenos Aires y partí hacia Mar del Plata. Pensé en lo que habían sido estas dos semanas. Sentí un millón de cosas. Guardé silencio. Sentí, seguro lloré, recordé no olvidar, extrañé, agradecido, dí las gracias.

H.
BUENOS AIRES 8-28 ENERO 2011.

lunes, 7 de marzo de 2011

BUENOS AIRES V



XIX

Con frecuencia pregunto sobre política, aunque intento querer evitarlo. Tomás es profesor, lo recordaba a él y otro chico con barba, Pablo, de la última vez que había estado en Argentina. Aquella vez con mi hermano. Nos llamó mucho la atención la facilidad de conversar sobre política latinoamericana que encontramos en ellos, también que podían ser, y lo eran, bastante autocríticos con la Argentina.. nos parecieron bastante fuera del estereotipo porteño y se lo dijimos. “Es que la crisis nos ha dado humildad decía Pablo entre risas”. En parte era cierto. Explicaba como había cambiado la balanza en relación con otros países latinoamericanos. Antes los argentinos viajaban a todas partes y nadie viajaba a Argentina.. hoy bueno.. quizás sea otra historia.. De eso hace ya seis años. Esta vez no vi a Pablo. Tomás aún estaba allá, por supuesto no nos recordó, pero no importaba. Nos llevamos una buena impresión de Argentina aquella vez, y ellos eran parte de ella.


XX

Conversaba Tomás con cierta regularidad. Lo encontré en un estadio de vida distinto, esta vez, más papá, algo más tranquilo, y ciertamente algo cansado. Siempre con la música de sus caballos de batalla, especialmente Divididos. Le pregunté sobre la percepción Argentina del gobiernos de los Kichner. Su respuesta al inició me resultó algo familiar, “ante la triste situación de las izquierdas (la falta de propuestas) el menor de varios males” pero continuó para señalar varios aspectos que a él le parecián interesantes. A mi me intersó mucho la propuesta de ley de medios, un esfuerzo por regular la cantidad de patentes de propiedad de medios de comunicación que una persona o grupo financiero puede poseer, y que ha generado un encuentro frontal entre el gobierno y el grupo Clarín, cuyo control de los medios es absoluto en Argentina. Ya en Mar Del Plata este tema estaría sobre la palestra, pues resulta que los hijos adoptados por la dueña del grupo Clarín -la doña- resultan ser hijos de desaparecidos por la dictadura... “Lo bueno de cuando pelean entre ellos es que se sacan todos los trapitos que nunca salen cuando ellos están en buenas”, dirá Guada con sentimientos encontrados, cuando en Mar del Plata, me cuente sobre esa historia. Encontrados porque por un lado, resultaba tan indignante, y tan lleno de cinismo, el que hayan “adoptado” a estos chicos secuestrados, al tiempo que indigna saber que se maneje como un chisme de farándula en lugar de un asunto serio, y además se ponía en el lugar de estos muchachos que por todo lo que ellos saben son los dueños del país y ahora son hijos de todo lo que ellos han sido criados para negar y de lo cual reniegan.. Pero aun no estaba en Mar del Plata, y en todavía no sabía que terminaría yendo allá.. yo me preguntaba que pasaría en Santo Domingo si se intentara algo así.


XXI

Buenos Aires está llena de invisibles. Pero hay una hora en la que todos se organizan y asaltan sin compasión al ojo desprevenido. Y son familias enteras, con ropa, sin sacos ni corbatas, pero con zapatos en los dos pies, las que emergen de las sombras de los otros para sumergirse en la ciudad y sus escombros. En sus tanques, en sus contendedores, en donde guardan lo que ya no usan, lo vencido, lo que les sobra, y aún así funcionalmente invisibles para una mayoría que no se hiere con el espanto de estas escenas, con funciones que se repiten cada tarde, en el centro, en cada esquina, despúes de las siete y media.


XXII

Lo mejor de Buenos Aires es que está hecha para caminar, como si todavía creyeran que la gente es más importante que los carros y esas boludeses... Las aceras: amplias e iluminadas y hay transporte colectivo las veinticuatro horas. Como de todas las ciudades, la gente de dice que es invivible, pero se queda. Que es insegura, que no se puede andar, pero solo muy tarde acaso, quedan las calles vacías. En otras horas viven llenas, repletas de la misma gente que dice que en cada esquina te voltean... Tal ves Buenos Aires sea peligrosa, no lo se, no ha sido aun mi experiencia, quizá lo sea tan poco o tanto como cualquier otra ciudad de Latinoamerica, pero cuando ves laprensa pronto entiendes por qué, las dosis de miedo vienen en varios sabores y colores, y uno no puede evitar sentirse como en casa, solo elija el miedo que más se parezca a usted. Los diarios cuestan cuatro o cinco pesos, menos los domingos, que el miedo se paga tres pesos más caro.

XXIII

Así que como en cada ciudad, hay que creerle a las tripas. Sentir la ciudad. Ni temerle, ni subestimarla. Cuando hay dudas no hay duda, dijo De Niro en Ronin, magnifica sentencia. Y en el camino funciona más o menos así: hay más gente solidaria que gente que quiere hacerte daño. Todas las ciudades tienen sus riesgos. No privar en superheroe. Y aunque cueste, hay que aprender a observar, a sentir y a escuchar, y cuando un lugar te hace sentir extraña o extraño, cambia de ruta, aunque no entiendas bien por qué..


XXIV

Camino todo el tiempo. Buscando libros, imágenes, gente cantando. La redención a veces lleva por caminos extraños. Me gusta que la gente me muestre su Buenos Aires. Los rincones que hacen su cotidianidad, los que disfrutan, aquellos de los cuales parecieran no poder escapar, y ya marcados por su olor y sus huellas.

Además de heladerías Sophia buscaba siempre lecciones de tango, música en vivo y gente bailando. Había estudiado música en parecía realmente preocupada por no perderse un lugar, o un buen profesor. Le gustaba hablar con la gente, y mira a los ojos cuando habla. Quizás por eso nos hicimos amigos.

La conocí la mañana que Estele cambió para el hostel koreano. Hablábamos sobre cocodrilos con Sally: de Australia, del Amazonas, del Lago Enriquillo, y no tengo idea como la conversación había llegado ahí, creo que tenía que ver con que alguien por descuido había perdido un brazo y Sally aún conservaba los dos, pero el caso es que todo el mundo en el dormi terminó hablando de eso por un rato y después se volvió un chiste interno. Sally es una persona sumamente dulce, y considerada. Después de parsarse gran parte de su vida trabajando en puertos y con oenegés, había decidido conocer sudamérica. Llevaba varios meses viajando y le quedaban unos cuantos más por delante. Hay en su mirada y sus palabras experiencia y una cierta inocencia parecida a la ingenuidad. Y, como ya he dicho, a pesar de haber navegado en aguas llenas de cocodrilos, conservaba aun sus dos brazos y una honesta sonrisa.


XXV

Esa noche cenamos en Palermo. Como buen brasilero, Fernando necesitaba comer arroz, así que perfectamente podría haber sido dominicano. A él en particular le gusta el risotto, mucho, y de hecho cocina bien. Pero era la último finde de Carolina en Buenos Aires y decidimos comer fuera. Le pregunté a Sophia y a Sally si tenían planes y si se animaban. Sally había quedado ya con unos amigos y se iba en un rato. Sophia dijo que sí, así que tomamos un colectivo que tardó cuarenta y pico de minutos para atravesar la ciudad. Nos preocupamos un poco por la reservación, pero no mucho. Más interesante era el juego cultural, esa búsqueda de un lenguaje común, y cada una y uno, intentando aprender cosas de los demás. Aunque por un momento me pareció haber ofendido a Carolina con algún chiste impertinente sobre el tiempo que tardaríamos para llegar.. no lo comprobé nunca, debí haberlo hecho..


XXVI

Entramos al restaurant. Llegamos ahí por recomendación de una hermana de Carolina y Fernando. Mesa para cuatro. Fernando todavía tiene algunas limitaciones con el español, pero ya se defendía bastante bien. Recurría ocasionalmente a Carolina para consultar palabras que nuestro portuñol no alcanzaba a traducir. Sophia entendía español y hablaba bastante bien. No parecía que solo hubiese estudiado por tres meses. El mesero llega y amablemente nos preguntá si estamos listos para ordenar. Aun revisábamos el menú. Ordenamos. Fernando conversa con Carolina en portugués (aunque me gusta más decir brasilero..) cuando el mesero pregunta “desean algo para tomar, un buen vino quizás” Fernando, como el estudiante que está diciendo algo indebido cuando todo mundo de repente se calla, responde: obvio, con una entonación y una actitud que Sophia, el mesero y la mesa de al lado se ríen. Carolina que entiende lo que acaba de pasar ríe también, y Fernando, pregunta ¿qué? Cuando Carolina le explica, ríe también. Porque contaba una historia a su hermana en portugués y porque si en verdad hubiese escuchado al mesero, era obvio que esa hubiese sido su respuesta. 

Regresamos juntos al hostel. A carboncillo, dibujé un silencio en una suerte balcón. Callados miramos las estrellas. 


H. (CONTINUARÁ...)

Concluye en el post BUENOS AIRES VI  http://poetskeleto.blogspot.com/2011/03/buenos-aires-vi.html

domingo, 27 de febrero de 2011

BUENOS AIRES IV


XVI

Se dice que el domingo es bueno para caminar. Yo no discrimino, pero era domingo y salí caminar. Conmigo Estela, Carolina y Fernando. Estela venía de Korea del Sur, viajaba sola, hablaba buen inglés, y mientras en Argentina, estudiaba español. Carolina y Fernando eran hermanos, venían de Brasil. Ella hablaba buen español, Fernando recién empezaba a estudiar pero su portuñol era perfecto así que nos comunicamos bien, de cualquier modo, aprendió rápido. Carolina ama la literatura. En Buenos Aires, buscaba autores argentinos, y gustaba de consultar con Ire los libros que encontraba, yo simplemente escuchaba y tomaba nota de autores del Brasil, de donde curiosa, o vergonzosamente, conocía muy poco. Comencé por la Lispecter.. pero era domingo y salimos juntos a caminar. Había feria. Toda la Defensa era un río que se ramificaba en algunas esquinas y se desparramaban toda clase de gentes y colores. El mundo nacía en la Plaza Dorrego y si era un buen día llegaría casi hasta Plaza de Mayo.. o bien cerca. Estela sonreía mucho, con mucha discresión, pero sonreía, evidenciaba su origen y su juventud. Se mostraba curiosa y reservada, como si jugara. Fernando era el más alto del grupo, lo cual era una ventaja estratégica, en esta multitud, lo cual irritaba a algunas turistas belgas que llegaban después y no podían ver la exhibición de chacarera y tango para turistas que había en la plaza, pero no solo era alto el chico, además tenía un fantástico sentido del humor, cosa que encantó a Sophia cuando después se conocieron, pero que no se adivinaba fácil al verlo siempre tan serio.

Caminamos. Carolina habla despacio, sin sobresaltos, sin desperdicios. Aunque disfruta vivir afuera, su mundo grande es adentro. Quiere trabajar con gente y me cuenta un poco de la vida que le espera al terminar su viaje. Estela examina joyería artesanal y objetos extraños, Fernando pregunta cuanto cuestan las viejas fuentes de soda.


XVII

Para saber quien es quien hay que hablar y preguntar. Pero si alguien en Buenos Aires tiene rastas, probablemente te dirá que es artesano. No fue poco lo que río Nancy, una artesana que vive en Trelew con su esposo David y sus hijos, quienes me recibieron en su casa por un par de días después de recogerme en la carretera hace ya un par de largas semanas. Se imaginó con rastas y le preguntó a su hijo como se vería..

Gente, música en vivo: guitarristas, flautistas, una chica que toca un instrumento australiano, hecho del tronco hueco de eucalipto. Cuando ella sopla, su música paraciera electrónica. Me detuve un rato.. Un calendario artesanal ilustrando los hítos de San Telmo, de un estudiante de dibujo que se llama a si mismo Michel Jackson. Las tiendas suenan bajofondo o gotanproyect...

Peatones se sacan fotos con la pareja que simula caminar contra el viento... Teatro.


XVIII

Yo vivo en tu sombra...gritó un hombre blanco, con pinta de artesano y acento agringao, generando sobresaltos.  Se encuentra en el portal de un hotel. Dos policías tratan de disuadirlo a acompañarles. Él tiene las manos teñidas de rojo. Igual es pintura pero la gente se impresiona. Vocifera una cuasi-letanía en la que somos hermanos, y contradicciones y hermanos y dolores y hermanos... Un hombre entra al hotel y otro sale. Él les deja pasar y se lo hace saber a la policía en medio de los gritos. Se sienta. Se calma. Se detiene. El polícía se acerca, él se levanta de un brinco, el policía da otro hacia atrás. ¡Mi casa es tu sombra! ¡Sal de mi casa! Hasta que seamos de nuevo hermanos..

¿Por qué me golpeas? Hoy no somos hermanos y le arroja un tarrito que tiene encima un cactus.. él se pierde en la multitud. Yo pensé en Noviembre... Les pregunté si conocian la película, con la cabeza dijeron que no. 

Seguimos caminando. Hablamos de libros, de nuestros países y de cine. Hacía hambre, decidimos comer.


H. (CONTINUARÁ...)

Continúa en el post BUENOS AIRES IV  http://poetskeleto.blogspot.com/2011/03/buenos-aires-v.html

viernes, 25 de febrero de 2011

BUENOS AIRES III


Estaba en el parque cuando conocí a Cristóbal. Acababa de cumplir 81 años, hacía unas semanas. De él se que tiene dos nietas que lo vuelven loco, y habla muchísimo de ellas. Estoy convencido de que disfruta mucho el ser abuelo. Le gusta caminar y conversar, sobre todo lo segundo, y mucho. A mi también, así que hicimos buena liga, pero sin decirlo ninguno, con mucha conscienca desarrollamos una suerte de código para turnarnos sin forzar. A mi me parece que funcionó, no se que pensará él, pero como él habló más creo que no habrán muchas quejas.

Caía la tarde, es decir, eran como las 8:30 pm. Sí y el sol como que no era con él, como si le pagaran muy bien el tiempo extra, o tal ves era la luna la que le había pedido con picardía que la cubriera.

XIV

El caso es que yo estaba descalzo, sentado en un banco cuidadosamente seleccionado: por el fresco, los árboles, y la vista. En la cara que da a Balcarce, en la cancha, chicas y chicos practicaban con el tambor. La gente se aglomeraba a su alrededor y la cancha, poco a poco se volvía teatro. Las chicas y chicos se divertían, la gente sentada, movía pies y cabeza siguiendo el ritmo.

Les compemplé un rato, seguí, me adentré en el parque, me detuvé, respiré, me senté. Lápiz, felpas de colores, cuaderno para garabatos. Anoté las primeras impresiones sobre buenos aires, desde ezeiza.

Es ahí, en el preciso momento en que encuentro la palabra “mestizo” para referirme a Baires, que una sombra amablemente me arropa: primero los pies, escalando hasta los tobillos y las rodillas.. la observo con curiosidad hasta que me doy cuenta que no se trata de una sombra sola, si no que un par de pies, con zapatos, y tobillos y pantalón, le seguía bien de cerca hasta detenerse, a medio metro de los míos.

Levanto la mirada, sonrío y un hombre viejo, ligeramente inclinado hacia adelante, me devuelve una sonrisa. Traía anteojos, con su correspondiente par de ojos detrás. En ellos curiosidad y algo parecido a la timidez, pero que no era eso.

¿Es usted poeta? me pregunta. Yo no respondo, me cogió fuera de base, me sentí como un cliché y algo avergonzado. Esa es una palabra grande llegué a decir, no lo sé, pero a veces trato con insistencia..

Músico entonces, dijo.. ¿y de donde habrá salido este viejo? Pensé y me preparé a sacarlo de su error. Es que ya menos gente se sienta en los parques, dijo sin pausa para tomar aire. Esto va para largo pensé, este hombre conoce las artes secretas del hablar sin poder ser cortésmente interrumpido, era evidente. Pero estaba bien, me pareció simpático. También yo tenía ganas de conversar.

XV

Dos horas y con veintitrés minutos pasaron desde que preguntó si podía sentarse. Hablamos de los parques, las familias, de San Telmo, de lo mucho que ha cambiado buenos aires, de sus nietas. Me preguntó sobre el secreto de la vida, de las manos, de los rostros y el trabajo. Había vivido en la nueve de julio mucho antes de ser abuelo. Buenos Aires era entonces mucho más pequeño. Había trabajado en el ejército, primero como metalúrgico, luego como mecánico. Sus manos, en especial sus dedos hablaban de esa historia. Con emoción y despacio, él se divertía hablando y haciéndo mi perfil, yo, evitando la tentación de hacer el suyo. Pero sabía que había estudiado psicología por algo en la forma en que ordenaba sus preguntas y sus interpretaciones. Le gustaba la literatura y había trabajdo como marino mercante. Para estos días era sobre todo y orgullosamente abuelo.

Me presentó a algunos vecinos que paseaban con sus perros, y me contaba algo de ellos. Antes de despedirnos me regaló versos de José Hernández, y escuchó con paciencia un par de versos míos.. Los caballos del silencio repitió.. alude a la muerte, afirmó como quien medita. Había sido un placer. Nos despedimos. Yo partí. La noche quedó tendida. Me toca aprender a soñar.  


H. (CONTINUARÁ...)

Continúa en el post BUENOS AIRES IV http://poetskeleto.blogspot.com/2011/02/semana-i-buenos-aires-continuacion_27.html

 

jueves, 3 de febrero de 2011

BUENOS AIRES II



COLECTIVO 8 Y SAN TELMO. BUENOS AIRES, ARGENTINA.

VI

Estaba calmado, algo cansado, algo frío. Me había sentado junto a la ventana, con la mochila mojada en las piernas, de modo que no ocupara el asiento de al lado por si alguien lo necesitaba. Miraba el camino, me incliné un poco hacia adelante y apoyé sobre la mochila. Miraba hacia afuera. Las ventanas del colectivo estaban cerradas, por la lluvia. Una señora se sienta el asiento de al lado. La recuerdo vestida de azul, con pantalón blanco. Hablaba por el celular. Tenía las manos de quien trabaja con ellas.. su conversación se prolongaba. Yo trataba de no escuchar, pero escuché. Le decía a alguien que todo había salido bien, pero los colectiveros la ruta corta estaban en paro y debió tomar la 8, que dijera a la jefa que ya estaba en camino. Bajé de nuevo la cabeza, pensé en Julia, la vez que se lastimó la rodilla, y por más que yo le insistía solo pensaba en volver a trabajar.. no se por qué, pero sonreí. Vagamente, el trayecto se me antojaba familiar. Me quedaba dormido, así que opté por mirar más a la gente. Buenos Aires, Buenos Aires, que mestiza pareces esta segunda vuelta.. sonreí ¿cómo será esta vez? Pensé. El autobus, mojado por dentro, y por fuera, continuaba moviédose.

VII

Me confunden un par de vueltas del autobus. Me bajé una parada antes y caminé un par de cuadras en el sentido contrario al que buscaba. Me di cuenta, y empezé a preguntar. Ocho cuadras hacia atrás. Menos mal que pregunté. Así que serían 13 + 8, serían 21 cuadras, fácil. Pero empezó de nuevo a llover. Me refugié en un quiosco. Al vendedor no le hizo gracia, pero me dió igual. Lo saludé. No respondió. Entonces, paré a una transeunte que bajo la lluvia pasaba, en parte para que no se mojara, en parte para preguntarle, en parte para molestar al del quiosco. Se llamaba Mari, trabajaba en una librería en corrientes. Iba a llegar tarde, pero igual sonreía como quien tiene algo que contar pero no lo dice. Volví a mirar al del quisco, le pregunté si tenía mapas de la ciudad, dijo que sí, ¿y de Argentina entera? Dudó.. sí, dijo. ¿Cuánto cuesta esto? insistí tomando un periódico cualquiera... está bien, ni responda, muchas gracias, tenga usted un buen día. Y me fui. Lo vi cambiar de color. Mari me llevó hasta la esquina para mostrarme el camino hasta Balcarce.

VIII

Balcarce es una calle singular. Inicia a uno de los costados de la casa rosada, que es un edificio no muy agraciado, dónde se hacen fotos a quienes visitan a las cabezas de gobierno.

Al caminarla pronto te das cuenta que se tuerce, se confunde, se interrumpe, como un asalto al eficiente tramado cuadriculado de Buenos Aires. Si andas además, como la econtré yo, pensando en muchas cosas, ligeramente cargado, cuando lo descubras será ya tarde. En un azar levantarás la cabeza y encontrás un muro. Entonces, aplicarás la misma regla que cuando buceas: Detenerte, respirar, pensar, actuar. Verás que la calle perpendicular que te atraviesa se llama de otra forma. A tu izquierda Paseo Colón, una avenida que es la misma Alem, que es la misma Libertador; y varios metros a la derecha, tímidamente reaparecerá Balcarce, y la verás entonces hacerte un guiño como burlándose acaso de ti, y de sí misma, pensarás , pero recuerda que es una calle, que no puede hacer eso, así que es no te engañes, sabes que solo puede reirse de ti.

Continúa caminando. En verano hará calor. Dependiendo el día y la hora encuentras aceras, vendedores de frutas, parrillas, parrillas en las aceras, específicamente en los contenes, y sobre los contendedores, y gente con ganas de parrilla haciendo buen uso de una envidia secreta y pasajera.. en todas partes huele a carne y candela. Se ve que el diablo sabe de los gustos del mercado: cuando no es el pellejo propio el infierno no huele tan mal, pero falta el azufre.

IX

Estás en San Telmo y se nota, la gente anda a un ritmo curiosamente distinto, a veces insistente y necio, a veces simpático. Si te ven turista, escucharás mucho la palabra “tango”, aunque no tanto como en Defensa, y se va debilitando en la medida que avanzas. Para cuando llegas a la calle antes de Garay, el acoso suele haber desaparecido y se parece a una calle tranquila, de cualquier otro barrio tranquilo. Por ahí llegas y pasas frente a S.. un Hostel donde he dormido a veces (y de donde una vez me echaron para que no me quedara estancado en Buenos Aires), y frente al edificio donde vive Doña Luisa, a quien conocí cazando heladerías con Sophia.

X

Rondaban las 12 cuando la conocimos. Era de noche. Sobre Bolivar, dos señoras, mayores, conversaban distraídas sobre política, y recetas. Comieron helados que parecían como de frutas con dulce de leche y  rieron mucho. Sophia, con alemana tenacidad, se pregunta sobre si tenía o no derecho a tirarles una foto. Tratá sin flash, le digo jugando a mi acento porteño. Lo hizo, no sirvió, salió muy oscura. La había adivinado. Te embromaste, le dije. ¿qué es bromaste? Preguntó ella.. Problemas, pensé, no tenía ganas de traducir, te fuñiste, te jodiste...

Sonrió, le gustaba aprender palabras nuevas, sobre todo de esas que te dan muchas formas para decir lo mismo. Así que asintió, y repitió: em-bro-mas-te... ¿embromé, che? Casi, dije, es reflexivo. Reflexivo dijo, me embromé.. (pausa) obvio.. (pausa) ¿tu crees?¿qué creés?

Ahora era ella la del acento y lo dijo como una carretilla, con una urgencia callada, parecida al lamento del que tiene que irse, sin todavía quererlo, como si temiera perder el momento de abrazar. La ví. Me ví. Me conmovió. Te queda una oportunidad: preguntá, (me divertía con el acento, porque ahora ella no sabía si hablarme de tu o de vos..), no lo hizo, pero la ví, y a mí, así que lo hice yo.

Una hora después ya no estabamos sobre Bolivar, hace rato habían ya muerto los helados. Una hora después andábamos de nuevo en Balcarce, tomando sidra en casa de Luisa, una de las doñas, mientras nos contaba sobre su hijo, la historia de su nuera, sobre la gente en buenos aires y los zafacones. Sobre la desgracia de que el país haya vivido el gobierno de aquel que porque da mala suerte, como un voldemort argentino, no debe ser nombrado. Hablamos también de nuestros viajes y sobre el resto de América Latina, en especial de Bolivia.. Cerca de las 2, nos despedimos. Si nos llevamos de ella amanecemos ahí. Le prometimos que en par de días recibiría copias de las fotos. Preguntó cuanto iba a costar, por quinta vez le dijimos nada, no lo creía, y cada vez nos abrazaba, y nos decía lindos. Entonces nos fuimos: Balcarce, Garay, Defensa.. Sin prisa deambulamos. Un rato en Plaza Dorrego, regresamos al hostel.

XI

Al otro día, a buscar un banco, sobre Defensa hasta Plaza de Mayo, Encontré cajero con dinero. Tuve suerte. Había escases de billetes en argentina (en el sentido literal, no en el figurado), pero fue la única vez -que tuve suerte- no porque no hubiese más billetes argentinos en los cajeros, ni porque me faltara dinero en la cuenta, sino, por la incompetencia olímpica de la asociación de ahorros que maneja mi cuenta en Dominicana.. en fin, el caso es que la tarjeta más nunca ha servido... y me tocaría conocer todos los cajeros de buenos aires pasando vergüenza.. Después que te piden código, tipo de cuenta, tipo de transacción, te explican que hay un cargo por transacción internacional con otro banco, y le das a todo “confirmar”, esperas 6 segundos más para que el cajero te diga altanero: no puede usar su tarjeta en este cajero, retírela. Con lo que me gustan a mi los bancos. En esos momentos, por un pedacito de tiempo, un chin chin de momento, lamenté no tener más un colchón.

Pensé en el corralito y lo que debió sentirse, en la gente y el aumento de estadísticas sobre números de infartos, y otras cosas molestas y tristes, así que visité la casa rosada, donde por el bicentenario, hay una exposición sobre héroes nacionales de cada país. Allí encontré el retrato de Duarte más feo que visto en toda mi vida. Donado por el excelentísimo presidente de la República, el Sr. Dr. Leonel Fernandez Reyna, a quien más tarde que temprano, si algo podemos aprender de Argentina, antes que sea tarde, deberemos empezar a tratar de Voldemort.

Después de concluido el tour de los pollitos que te dan por dentro, en el que apenas te explican nada importante (y que por alguna razóm me hizo pensar en Ojo de Agua en Salcedo), para respirar, salí a la calle.

XII

Balcarce, en fin, es una calle intermitente, de inocencia interrumpida. La mejor interrupción de aparece de lejos como es una elevación verde, que al acercarte te recibe con una leve depresión, y una cancha, en la que chicos juegan a correr, mientras una banda de tambores jóvenes, practica su coordinación. Escaleras. Pobladas de despemplados y turistas, público cautivo, rodeado una verde superficie cuya extensión y belleza desde la calle apenas se percibe, pero no se adivina.

Subí, pise la yerba en vez de fumarla. Me quedé descalzo. Respiré. El parque tenía buen nombre... 

H. (CONTINUARÁ...)

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